UA-34319126-1 El jardín de mi secreto.

22 de junio de 2012

De concierto.

Llegó el fin de curso.
Y también el concierto de inauguración del XXX aniversario de mi coral. Para la ocasión habíamos preparado dos obras, dos misas muy peculiares. Una es de Steve Dobrogosz, un americano que nos envió la partitura para su estreno en España.

La otra, de Bob Chilcott, un británico que compuso una misa de Jazz preciosa. Esta última la cantaron primero en versión de coro de voces blancas los muchachos de nuestra sección juvenil.

Aquí podeis verlos con los instrumentistas mientras ultimábamos la performance.

Nuestra gran pianista, Carmen Climent. Como veis todos jovencísimos.

Por fin he podido editar un fragmento en vídeo, y puedo mostraros cómo cantan estos ángeles.


De nuestra participación, os dejo dos vídeos. La calidad de sonido no es perfecta y siento que la imagen se mueva un poco. Prometo que cuando consiga una versión mejor, editaré la entrada para que podais disfrutar del mejor sonido.
De la misa de Dobrogosz os dejo este fragmento, el Sanctus. Las sopranos resbalamos musicalmente hablando casi al principio, pero el resto de la obra nos salió perfecto y merece la pena que escucheis las intensidades de sonido que conseguimos. Me gusta mucho el efecto de redoble de campanas y los crescendo que hacemos al final. Ahí va:


Después de un breve descanso, todo cambió: formamos una fiesta.
Con la música de jazz quisimos agradecer a todos los espectadores y amigos esos 30 años de música ininterrumpidos. Por eso nos cambiamos y creamos una performance en la que el público también participó. El momento más emotivo, el Agnus Dei. Fue un momento de recogimiento, de reflexión, de canto a la esperanza cuando las cosas no van bien (anda, mira... como la situación actual). El texto que recitó Manolo, mi compañero de la cuerda de los bajos es el salmo 137 "Junto a los ríos de Babilonia....", y consiguió emocionarnos. El y Jesús, el contrabajista, que consiguió arrancar un profundo lamento al instrumento. Cantar después esa melancolía fue muy fácil. Gracias a los dos!





15 de junio de 2012

Magdalenas para desayunar.

Hay días en los que te apetece tener tu espacio por un momento. Estar a solas con uno mismo es casi una terapia cuando estás rodeado de ruido, de gente, de problemas...



Necesitaba encontrar un tiempo en el que estuviera sola, y me metí en la cocina.
Casi sin ganas, un poco fastidiada por tener algún que otro enredo por enmedio, cuando me dí cuenta estaba cocinando una rica tortilla de patatas para cenar y tenía en marcha unas magdalenas que prometían.

En casa siempre se han cocinado las tortillas gorditas y esponjosas. Bien cuajadas pero jugositas.

Conseguir una tortilla así, como las hacía mi madre, me ha costado tiempo de ensayo y error, hasta que una señora me dió la clave: freir las patatas a fuego lento en abundante aceite, como si las cocieras.




La cuestión es que con los niños creciendo, cada vez dura menos una tortilla en la mesa. Voy a tener que empezar a hacer dos para que nadie tenga que pelearse por un trozo.


Para las magdalenas no quise complicarme la vida y utilicé una receta más sencilla que la que suelo hacer (Ver entrada anterior).




Las que hice ayer, también son una receta del libro de la Thermomix:


  • 6 HUEVOS
  • 250 GRS DE HARINA
  • 250 GRS DE ACEITE
  • 1 SOBRE DE LEVADURA
  • 250 GRS DE AZÚCAR
  • RALLADURA DE LIMON



  • Se pone la mariposa en el vaso de la thermomix. Echar las claras y programar 6 minutos, en velocidad 2 o 3 cuando quede un minuto se le añade el azúcar, a continuación se le añaden las yemas y se pone 15 segundos, a velocidad 2 o 3.
  • A continuación se le añade la ralladura de limon y vuelves a mezclar unos 5 segundos a velocidad 2, se le echa la harina y la levadura todo junto unos 10 segundos a velocidad 3 ,despues se le pone 10 segundos a velocidad 2.
  • Por último se echa el aceite y se mezcla durante 10 segundos a velocidad 3 y por ultimo dejar 10 segundos mas a velocidad 2. Se ponen moldes de papel y los vas llenando por la mitad y se echa azúcar por encima y se meten al horno a 180º unos 15 minutos mitad del tiempo por abajo y la otra mitad por arriba.
  • 


  • Y voilà





    10 de junio de 2012

    Cantar, cantar... cantar..

    Sí, cantar.
    También me gusta cantar. Lo descubrí por casualidad.
    Yo empecé a estudiar música pasados los 10 años (tarde) y fué porque me tropecé con alguien de mi edad que sabía leer solfeo. A mi me era imposible descifrar esas patas de araña negras y redonditas. No lo entendía. Fué un tremendo reto que no estaba dispuesta a perder.
    Me apunté a clases de música en la extinta banda de mi pueblo, aprendí solfeo y a tocar la flauta travesera, e hice un grupo de amigos que me acompañaron en la adolescencia, todos estudiábamos en el Conservatorio además de ir juntos al instituto.
    Unas navidades, se celebró un certamen de villancicos en mi pueblo, para escolares y nosotros que estábamos estudiando música, decidimos presentarnos. Las bases decían que debían ser agrupaciones corales. Nada de instrumentos.
    Me tocó ser contralto, pero no porque ese fuera mi registro de voz, simplemente me tocó.
    Como éramos los mayores, nos tocó cantar los últimos, ante un auditorio llenito de padres. Subimos al escenario, esperamos a que se hiciera el silencio muy formalitos, la 1ª soprano sacó un diapasón (Oh, sorpresa!, más silencio todavía), afinamos el "la" y la nota que nos tocaba a cada uno... y cantamos un "oh, Blanca Navidad" polifónico, que arrancó un estruendoso aplauso con vítores al final.
    Nos llevamos el premio, claro.
    Esa fue mi primera experiencia con el canto coral. Y desde entonces, no he podido vivir sin cantar... y mira que lo he intentado.
    Al año siguiente, entré en la coral que ha marcado mi vida (musicalmente):  la Coral Kodály de Molina de Segura.

    Ahí estoy, en primera fila. La quinta de izquierda a derecha.

    Con ellos canté obras importantes (Misa de la Coronación y Réquiem de Mozart....), viajé por España, tuve oportunidad de conocer otras agrupaciones musicales: orquestas, coros (con los universitarios de Utrech canté la Pasión según San Mateo de Bach), cantantes.... Hice amigos más allá de nuestras fronteras que todavía conservo. Recibí clases de canto al ser elegida para incorporarme a la cantera de solistas del coro.

    Por razones diversas y no por quererlo yo, me alejé de ellos.
    Me trasladé a otro lugar. Les eché de menos. Intenté llenar el vacío que me quedó buscando otro lugar donde cantar.
    Primero lo intenté en Els Amics de l'Opera de Sabadell. Pero .... no era lo mismo. Luego me hablaron en la misma ciudad del Orfeón de Sabadell. Una amiga me llevó a un ensayo y allí me quedé por un tiempo. Me recibieron muy bien, y su dinámica se parecía a la nuestra.
    Hasta que varias obligaciones me hicieron cambiar de rumbo. Dejé otra vez de cantar.

    Llegó el día en que nacieron mis hijos. Y volví a cantar. Les canté desde que supe que estaban conmigo, cuando nacieron, cuando les cambiaba los pañales, cuando les daba de comer..... Necesitaba cantar por todos los años que dejé de hacerlo.

    Mi antigua coral cumplió XXV años y cantaron el Carmina Burana, invitándonos a los antiguos coralistas a participar.
    Estudié la partitura en casa con CD's y mi hija, de entonces casi 5 años, escuchándome, se aprendió la voz de soprano que yo debía cantar. Pero se la aprendió ¡¡como para cantarla conmigo!!.

    Decidí que era el momento de que empezara a cantar en serio, y desde entonces asiste a la Schola Cantorum Kodály, el vivero de voces, la cantera, el futuro de mi antigua coral. Ya hace sus pinitos de solista (ahora es cuando a su madre se le cae la baba, ya.. ya lo se).
    Poco después se sumó su hermano, en la clase de iniciación para minicantores donde Marichín, una profesora estupenda, les introduce en el mundo sonoro. Los tiene embelesados. No ir a clase de Marichín es el peor castigo que puedo darle al pequeño.
    Así transcurría mi vida, hasta que estas Navidades el director de la Coral me dijo que si mis hijos ya eran miembros cantores, yo ya no tenía excusa para volver.
    Me calenté, volvió el anhelo y el recuerdo.... y volví.

    Volví, con tal tino, que he llegado a tiempo de celebrar con ellos el 30 aniversario de la coral.
    Así que este año, tenemos cumpleaños y lo vamos a celebrar tanto como podamos.
    Para empezar, Concierto Inauguración el próximo 19 de Junio en el Auditorio Víctor Villegas de Murcia.


    Aprovecho para invitaros, si estais cerquita... no falteis. Estrenaremos 2 obras de autores vivos. Una de ellas, inédita en España, nos la ha hecho llegar el autor desde Estados Unidos. 
    También cantarán los chicos de la Schola Cantorum (mi hija entre ellos) y estaremos acompañados por un trío de Jazz y por una orquesta de cuerda, eso os puede dar una idea del tipo de música que vamos a cantar.
    A los que podais venir, deciros que disfrutareis mucho. Por lo menos, espero que os llegue todo lo que estoy disfrutando yo.



    5 de junio de 2012

    Unos días en Galicia

    Hay una tierra en España que tiene toda la magia del mundo.


    En el noroeste, rodeada de mar está Galicia. Un lugar lleno de leyendas y buenas gentes. Es un placer para los sentidos visitarla, reposarla, degustarla..



     Los bosques de Galicia están muy repoblados con eucaliptos, aunque poco a poco vuelven a verse especies autóctonas como el castaño.
    Las rías son fuente de vida. De ellas sale el reputado marisco gallego.


    La elevada humedad y constantes lluvias, favorecen la vegetación que invade todos los rincones, creciendo en los sitios más insospechados e increíbles.



    Los horreos son muy típicos. Son pequeñas construcciones elevadas donde se guardan las provisiones de grano, patatas, etc., manteniéndolas a salvo de la humedad y los roedores. Se puede saber la importancia de una casa, observando el tamaño del hórreo.


    En Galicia hay ciudades de todos los tiempos. Pontevedra mantiene su centro histórico con regusto medieval.


    En la desembocadura del río Miño, en lo alto de un monte, se conserva el poblado celta de Santa Tecla. Desde aquí hay unas vistas espectaculares desde donde se puede ver Portugal (el río hace frontera entre los dos países)

     Pero si algo encoge el alma de verdad, es observar el mar desde cualquier punto de la Costa da Morte. Este es el faro de Muxía, población que pasó a ser tristemente famosa tras el hundimiento del Prestige (2002). Hasta estas rocas llegaron toneladas de chapapote que la ingente labor de los voluntarios consiguieron limpiar. Muy cerca, se erigió un monumento que siempre nos recordará la tragedia.


    Recorriendo la Costa da Morte, llegamos al Cabo Finisterre. Era el final del mundo cuando todavía no se conocía América. Más allá de ese lugar.. sólo existía mar hasta caer en un precipicio al vacío.



    Los peregrinos que recorren el Camino de Santiago muchos, cuando llegan hasta la catedral y obtienen el jubileo, se acercan caminando en una última etapa hasta este lugar. Allí dejan algo que les ha acompañado en el camino, algo que simboliza el pasado que han arrastrado hasta ese momento y que será abandonado o quemado como símbolo de lo que dejan atrás. A partir de ese momento, empezarán una nueva vida.




    Los montes gallegos y la energía eólica.


    Santiago de Compostela, parada y fonda para muchos hombres y mujeres, estudiantes, peregrinos.... a lo largo de la historia. Sus calles y callejones invitan a recordar otros tiempos anclados en el pasado.

    La imponente catedral de Santiago Apóstol



    El famoso Botafumeiro del crucero de la catedral.



    Cualquier población o aldea conserva su pasado medieval. Noia, en la ría de Muros es una de ellas.



    En sus calles encontramos todavía casas con mucho sabor tradicional. 

    En Noia hay una iglesia que se llama De Los Oficios. Hace muy poquito la han convertido en museo, ya que a su alrededor existe un cementerio peculiar, donde desde mucho tiempo atrás se enterraba a la gente por gremios, según los oficios que desempeñaban. Hoy todavía se conservan Laudas con inscripciones referentes a las diferentes profesiones.


     Y si vas a Galicia, no puedes dejar de saborearla. La comida tradicional es una mezcla de pescado, marisco y carne. Es muy típico el cocido gallego y en un día frío, un buen tazón de caldo con sopas de pan te puede calentar el cuerpo (algo que consigue también el estupendo aguardiente del Ulla -orujo-)
    Bogavante
                 Cigalas
    

    Medallones de ternera, Rapantes (parecidos al lenguado)

    Una buena cerveza "Estrella Galicia"

    Empanada, parrillada de carne


     Pulpo a feira

    Deliciosas carnes como el Osobuco

    Todo, con mucho amor.

    


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